La salud, la educación y la solidaridad


(Foto: Daemyeong Middle School CC BY-SA 2.0)

Si trabajas en una oficina o en un mismo ambiente con una gran cantidad de personas, seguramente te has dado cuenta de que en los últimos días muchos de tus compañeros –si es que no te ha sucedido a ti también– han caído enfermos, con infecciones a la garganta y/o cuadros gripales.

Y lo peor es cuando esa persona contagiada regresa a su casa y todos los integrantes del hogar, uno por uno, van cayendo también enfermos.

Más allá de los beneficios de la vacunación contra la gripe estacional, una correcta alimentación y hábitos saludables que mantengan nuestras defensas en buen estado, estoy seguro de que es la falta de educación y de solidaridad en todos nosotros lo que hace que los virus y bacterias del ambiente afecten a más personas.

¿Te has preguntado por qué es tan común ver a asiáticos en distintas ciudades del mundo usando mascarillas o cubrebocas? No es solo porque esas personas tengan miedo de contagiarse de alguna enfermedad. También los usan porque no quieren contagiar al resto. Eso, para mí, es solidaridad con sus vecinos, con su país y con todos.

Ahora hagamos un mea culpa: ¿siempre que tosemos o estornudamos nos cubrimos con el antebrazo?, ¿somos de los que vamos a trabajar mientras estamos enfermos –porque somos muy responsables– y terminamos contagiando al resto de compañeros?, ¿cumplimos con tener al día con sus vacunas a nuestros hijos?

No tenemos que esperar a que se dispare una epidemia como la de la gripe AH1N1 para tomar medidas de prevención. Debemos incorporar estas medidas como parte de nuestro comportamiento diario y, de esa manera, mejorar la salud de toda la comunidad.




Libros: qué leí, qué leo y qué voy a leer

Me gusta comprar libros (físicos). Me gusta leer. Pero tengo un gran problema: soy muy desordenado. En todos los aspectos de mi vida soy muy desordenado, incluso para leer. Por más que me enganche con una lectura, me demoro más que el promedio para terminar un libro. Pero, ahí sigo haciéndolo. Entonces, como he reactivado este espacio aprovecharé para compartir con ustedes cuál ha sido el libro que acabo de leer, cuál estoy leyendo y cuál es el que planeo leer a continuación.

He leído:


Cavernas y palacios, es un libro del doctor en biología Diego Golombek. Se trató de una recomendación directa del periodista científico argentino Federico Kukso. Directamente me dijo: "Si querés empezar a leer a Golombek hazlo con este libro". Y no se equivocó. Se trata de un libro en el que se repasa y se explora todas las investigaciones que se han hecho hasta el momento sobre ese misterioso tesoro que tenemos entre las orejas: el cerebro. Es interesante ver que aunque creemos tener en claro ciertos conceptos como qué son los sueños, los recuerdos, los pensamientos y más, la realidad es diferente. A mí me encantó, porque en los últimos tiempos he sentido mucha atracción con respecto a los temas relacionados con el cerebro. Colombek es un gran divulgador científico. ¿Dónde lo compré? En México. Este libro pertenece a la serie Ciencia que ladra de la editorial Siglo XXI. Venden algunos libros de esa serie en la librería La Familia y algunos en El Virrey, pero este no lo he visto. Lo deberían traer.

Estoy leyendo:



The Martian (El marciano), un libro debut del programador estadounidense Andy Weir. Lo compré a fines de julio mientras estaba de viaje en EE.UU. Nunca compro libros estando fuera y menos en inglés. Sin embargo, leí la contratapa y me enganchó al toque. A los días vi el tráiler de la película que está filmando y eso me enganchó aún más. Sin embargo, no estoy teniendo muchas oportunidades de sentarme tranquilo a leer y el hecho de que esté en inglés hace que lo lea con más cuidado (y con un resaltador, que siempre es útil al leer). He avanzado regular y es una obra de ciencia ficción muy distinta a las que estamos acostumbrados. Espero terminarlo antes de que se estrene la película.  ¿Dónde lo compré? En un aeropuerto en EE.UU. No lo he buscado, pero asumo que debe haber disponible en Lima una versión en español. Si la encuentro igual la compraré.


Voy a leer:



Medicina sin engaños, un libro del doctor en bioquímica y biología molecular español J. M. Mulet. Gracias a mi amigo Juan Zegarra lo puedo tener entre mis manos. Había leído cosas interesantes sobre este libro y como también estoy interesado en los temas relacionados con la pseudociencia, esta obra me cayó "a pelo". Por lo que he podido ver, el libro analiza de manera científica a lo ofrecido por la medicina alternativa y "pone en evidencia algunos engaños, muestra cómo ciertas prácticas constituyen un mero negocio a costa de la salud...", según dice la contratapa. Promete y mucho. Sigo a muchos científicos, periodistas y divulgadores científicos españoles por redes sociales, y todos coinciden en los peligros de las pseudociencias. Creo que este libro me aclarará muchos conceptos. También había encargado su otro libro ("Comer sin miedo", que analiza la teoría de la enzima prodigiosa y otros mitos de la alimentación), pero no me lo consiguieron. ¿Dónde lo compré? Me lo compraron en Madrid, España. Sin embargo, los libros de Mulet los edita Planeta, así que habría que decirle a la oficina de Lima que se anime a traer esta obra.

¿Has leído últimamente algún libro que sea recomendable? Cuéntame por qué lo recomendarías y cómo conseguirlo... y si quieres, hasta comparte tus apreciaciones al respecto.

De antenas escondidas y celulares en las prisiones


(Foto: Michael Coghlan CC BY-SA 2.0)

Hace unos días, las antenas de telefonía volvieron a estar en el ojo de la tormenta. Esta vez porque se había descubierto una, camuflada dentro de una torre hecha de triplay, en el techo de una vivienda ubicada justo frente al penal de Lurigancho y con potencia suficiente para que se hagan y reciban llamadas desde el interior del centro penitenciario.

Según me enteré, lo que realmente sucedió es que la policía le solicitó al Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) un informe sobre la antena, que estaría allí desde el 2013, y se comprobó que está activa y que emite señal de telefonía móvil. Inmediatamente salió el alcalde del distrito a asegurarles a sus vecinos que sancionarán a la empresa responsable “porque esa señal se usa para muchas llamadas extorsivas (que salen del penal)”.


Esa antena pertenece a Claro (América Móviles). Mediante un comunicado de prensa, la empresa se defendió asegurando que no es el único operador con antenas en la zona, y que la antena está registrada ante el MTC y el Osiptel.
Rechazamos tajantemente las notas periodísticas en donde se ha señalado que la antena ubicada en el asentamiento humano San Juan Bautista en el distrito de San Juan de Lurigancho, ha sido instalada con el objetivo de brindar señal de telefonía móvil a los internos del Establecimiento Penitenciario de Lurigancho”.
 “Insinuaciones de este tipo solo buscan desviar la realidad. La población se da cuenta que en esa misma zona colindante con el penal, así como Claro, otras empresas poseen también antenas y señal de telefonía móvil”.
“Las empresas operadoras no podemos discriminar a las personas que viven en los alrededores del penal y dejarlos sin servicio móvil”.
Sin embargo, la empresa reconoce que no cuenta con la autorización municipal para esa antena, pese a que ha intentado muchas veces regularizar su situación amparada en la ley que facilita el despliegue de infraestructura de comunicaciones.
¿La solución es quitar la antena del lugar? Yo creo que no. Porque los habitantes de esa zona de San Juan de Lurigancho también tienen derecho a tener acceso al servicio de telefonía móvil. La operadora asegura –y yo le creo- que no está dando el servicio para los internos del penal, sino para los vecinos de la zona.

El problema no es la ubicación de la antena, ni que se haya camuflado (revisa el D.S. Nro. 003-2015-MTC anexo 2 y verás que eso de camuflar las antenas está contemplado), sino que los internos siguen teniendo celulares y las autoridades no tienen cómo evitarlo. ¿Por qué hay que pensar en tener bloqueadores de celulares en los penales? ¿No sería mejor fortalecer las medidas de seguridad para impedir algo tan obvio y lógico como es que los internos en los penales no tengan en su poder teléfonos celulares? Esa no es culpa del operador.

No podemos dejar que regrese el sarampión



(Foto: Yale Rosen CC BY-SA 2.0)

Desde hace 13 años no se registran en el Perú  casos autóctonos desarampión, es decir, contagiados por el virus a nivel local. Sin embargo, el Ministerio de Salud (Minsa) ha detectado tres casos sospechosos de esa enfermedad que llegaron a nuestro país desde el extranjero.


¿Y por qué tanta preocupación? Porque se trata de una enfermedad que es extremadamente contagiosa. El virus viaja en las gotitas que salen de la nariz, boca o garganta de una persona con la enfermedad. Según la web Medline Plus, de los Institutos de Salud de EE.UU., si una persona tiene sarampión, el 90% de quienes entran en contacto con ella se contagiarán…a menos que estén vacunados.
Entonces, ¿tenemos por qué preocuparnos? Claro que sí.
De manera muy peligrosa, este tipo de enfermedades ‘viejas’, que ya habían sido erradicadas de varios países como el nuestro, están reapareciendo. La principal razón es la negativa de los padres a vacunar a sus hijos, pues piensan que las inmunizaciones pueden causar autismo en los pequeños.
Papás que no vacunan a sus hijos = niños vulnerables ante enfermedades que ya estaban erradicadas = población en peligro
Aunque los estudios científicos no han encontrado relación entre las vacunas y el autismo, los rumores infundados han calado en una gran cantidad de padres, lo que pone en riesgo a todo el planeta.
Si estamos vacunados, estamos protegidos. A finales del año pasado, se presentó el brote más grande de la enfermedad en Disneylandia(California, EE.UU.). La enfermedad se propagó por la concentración de gente –en especial niños– que no estaba protegida.
Es obligación de los padres tener a sus hijos con todas las vacunas al día. Esto, sumado al mayor tiempo de lactancia en los recién nacidos y a una adecuada alimentación, logrará que tengamos una niñez sana.

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La verdad sobre el virus de Facebook


La preocupación, el temor y la vergüenza invadieron a muchos usuarios de Facebook tras descubrir que en sus muros se había publicado –sin su autorización– un video de contenido sexual en el que, además, se etiquetó a un par de decenas de sus contactos en la red social. 
El alboroto lo causó un ‘malware’ a través de la popular red social para atacar solo a los usuarios de computadoras con Windows y que emplean el navegador web Chrome. La intención sería robar datos de Gmail y otra información sensible. Al saber todo este detalle ya no parece un problema tan inocuo ¿no?
¿Pero quién es el responsable? Los mismos usuarios. Así es. Si uno de estos videos apareció en tu muro fue porque tú, previamente, hiciste clic en otro video similar en el que fuiste etiquetado. Aquí no existe el “no sé cómo apareció este video en mi muro”, “pero si yo no le di clic a nada”. ¿Te suenan familiares esas excusas? Claro, son las mismas que usamos cuando se borran todas nuestras fotos o contactos del teléfono celular.
Sé que la curiosidad nos mata. Sobre todo hoy en que se abusa de la intriga para que hagamos clic en informaciones intrascendentes e incrementemos el tráfico de los sitios webs. Pero así como tomamos muchas precauciones cuando salimos a la calle, debemos vigilar mucho nuestro comportamiento en el mundo digital.
¿Realmente creías que quien aparecía en el video era uno de tus contactos? ¿Tenías necesidad de hacer clic y ver esa grabación (así haya sido verdadera)? La descarga del ‘malware’ en tu computadora –que puede causar mucho daño a tu máquina y a tu información- es la respuesta.
Los malhechores digitales utilizan la ingeniería social: son técnicas simples para engañar a la gente, pues se considera que el usuario es el eslabón más débil para quebrar algún sistema. En este caso, el objetivo era acceder a nuestra información. Sí, información muy valiosa en estos días. No dejemos que nuestra curiosidad nos perjudique.