Deportes: Yo también la sudé en el Nacional

19:14 Bruno Ortiz B. 5 Comments

La llamada de mi amigo Pedro para hacerme la invitación me sorprendió. Dudé, reflexioné seriamente sobre mis limitaciones y le advertí, pero aún así insistió. Esta mañana, tres días después, me encontré jugando al fútbol (sí, sí, no se rían) en el viejo y querido Estadio Nacional.

Desde que recibí la llamada hasta minutos antes de bajarme de la combi, miles de ideas rondaron mi cabeza. Como muchos ya lo saben, yo juego de arquero. En el fulbito puedo decir que me defiendo, gracias a ciertos trucos de ubicación confiados por un amigo del barrio. En fútbol ocho –con cancha de pasto- he hecho la prueba y creo que no lo hago mal (si hay alguien que opine lo contrario, lo invito cordialmente a comentar este post). Sin embargo en el fútbol convencional sí he tenido serios problemas.

La primera y última experiencia que tuve fue en un campeonato en Comas, al norte de Lima, en donde la falta de continuidad, físico y distancia me pasaron una factura muy alta (a quienes estuvieron allí y lo recuerdan los invito también a dejar un comentario). Además, pensaba que iba a estar bajo esos arcos en donde he visto, en vivo y en directo, atajar a muchos arqueros que he admirado o que respeto: Juan Carlos Zubzuck, Óscar Ibáñez, Julio César Balerio, Germán Burgos, Dida…

Bueno, al final todo eso quedó atrás apenas puse un pie en el estadio. Pese a que llegué cinco minutos antes de la hora pactada, al entrar al terreno de juego me encontré con los dos equipos listos ya en la cancha y con el árbitro dando del pitazo inicial. A las corridas me quité el buzo, me puse mi camiseta y los guantes y me fui a cuadrar (¡¡¡tremendo sacrílego!!!) bajo los tres palos frente a la tribuna norte.

Confieso que me moría de miedo. Sin embargo, este se diluyó un poco cuando por fin llegó el primer ataque en profundidad del equipo contrario y me lancé al piso a embolsar el balón. Con el paso de los minutos me tuve que ir adecuando a las dimensiones de la cancha (sinceramente es muy diferente verla desde la tribuna) y a la fuerza que se debe utilizar para hacer que el balón pase, siquiera, la media cancha.

El ruido de los carros en la Vía Expresa se colaba tenuemente al estadio. Ese murmullo fue pasando a un segundo plano gracias a que los gritos en la cancha iban ganando protagonismo. Era divertido comprobar que los gritos de uno podían retumbar en todo el estadio y generar eco en los diversos túneles que dan acceso a las tribunas.

Más tarde llegó el gol de los contrarios. Mi ridículo saltito fue superado por un potente balonazo desde fuera del área grande. Pensé que sería el inicio del rosario, pero no fue así. Ahí me di cuenta de la diferencia con el dramático campeonato en Santa Luzmila: allí los equipos eran formados por jóvenes acostumbrados a ese tipo de canchas, lo de hoy estaba protagonizado por gente de mayor "peso" (en el buen sentido de la palabra) y con un poco menos de resto físico.

Con un par más de intervenciones de peligro en mi arco y el empate de mi equipo terminó el primer tiempo. Ahora tocaba atajar de espaldas a la tribuna sur. Un disparo desviado hizo que el balón se metiera a uno de los túneles que conectan los camarines con la cancha. Fui detrás del balón y de regreso la emoción regresó: con el balón bajo el brazo subí las escaleras y me imaginé, por un momento, que estaba encabezando la salida de mi equipo en el partido de definición del campeonato.

Peligrosamente, mi defensa empezó a poner en práctica la trampa del off-side. Con el físico de ambos equipos minado, eso iba a convertirse, tarde o temprano, en un problema para mí. Afortunadamente, mi equipo consiguió el segundo gol (de buena factura, por cierto), pero los ataques de los contrarios se empezaron a multiplicar.

Pese a que se trataba de un juego, Dios (sí pues, mi diosito, porque quién más lo hubiera hecho) me permitió tener un par de intervenciones que permitieron un leve lucimiento personal. En la primera pude ahogar el grito de gol en un ataque por mi izquierda, y en la segunda me lancé (sí, me lance... y no se rían pues, que le quitan lirismo a mi emocionante relato) y desvié un remate cruzado hacia mi derecha. Unos cuantos ataques más sobre mi arco y el partido terminó.

Dos a uno fue el resultado final. Mi esposa no me lo creyó (por lo menos al principio), pero así fue. Esta vez no regresé a casa con la canasta llena de goles, pero sí con una pierna raspada y con el ego muy crecido. Seguramente la próxima vez (si es que la hay) que tenga la oportunidad de regresar al coloso de José Díaz me meterán dos, tres o diez goles, sin embargo, la emoción de hoy de haberla sudado (y bien) en el Estadio Nacional nadie me la quita.

Foto: Worldstadiums.com


5 comentarios:

Pedro Acuña dijo...

Secundo cada palabra dicha (escrita) x mi gran amigo Bruno. Gracias a Dios y a una estirada de brazo providencial, ganamos!... Si pues, ya eran 2 partidos con magros empates. Felicidades para el gran Borghini!!!...

Aunque me parece q faltó algún comentario sobre la actuación de este su amigo, que no lo dude lo volverá a convocar para el siguiente encuentro en el viejo José Díaz.

un abrazo!

Y de fondo se escucha "weeeeeeee are the champions my frieeeenddsss" ajjajaja

Sam dijo...

bravo!!! celebraré tus goles pes brunito... (serán reales tales destrezas futbolísticas???) jajaja. Qu´e chévere jugar en el mismito estadio, eso me parece súper bacán. Tienes razón cuando dices que es muy diferente estar sobre la cancha y estar en la tribuna. Por primera vez te habrás sentido todo un Ronaldinho, jajaja.

Anónimo dijo...

ola tu donde vives, porque te referias asi al campeonato de santa luzmila . a q campeonato te refieres ?

Sí, me refiero al Campeonato de Santa Luzmila. Participé en un partido allí, gracias a la invitación de un amigo de la universidad que vive en Comas. Yo vivo por Surquillo, por eso es que solo pude ir a un partido y me fue muy mal... jajjaa. Gracias por los comentarios.