Dejando todo para el final (Bye, bye, Indianápolis parte V)

09:01 Bruno Ortiz B. 1 Comments

Si bien mi bolsa de viaje fue mínima (por no decir irrisoria) tenía algunos encargos. Mi prima me había encargado comprar un monitor y un termómetro digital para su primogénito que pronto llegará.

En el mall que está frente al hotel no encontré y cuando salí a hacer compras, la noche del viernes, solo encontré el monitor. Así que tuve que hacer esas compras el sábado. La cosa estaba complicada porque debía hacer mi check out del hotel a las 11:30 y la movilidad que me llevaría al aeropuerto pasaría por mí a las 12 del mediodía.

Concourse B del Aeropuerto de Indianápolis








Busqué por varias tiendas del downtown hasta que encontré lo que buscaba en una farmacia CVS a unas cuadras del hotel. Conseguí las cosas no muy caras y aproveché para comprar algunas revistillas y demás. Cuando acordé eran las 11 de la mañana, así que corrí a tratar de meter los nuevos productos en mis dos maletas que estaban a punto de reventar (es que llevé dos pequeñas para hacerlas pasar como equipaje de mano y no demorar en los aeropuertos).

Mientras revisaba si es que había olvidado algo en el cuarto y todo dejé la habitación a 10 para las 12. Me despedí en el lobby de mi coleguita chilena –que recién tendría que dejar el hotel a las 4 de la tarde- y llegó mi movilidad.

Tal como sucedió a la ida, me llevaron al aeropuerto en una limosina. Es bien bacán por fuera y uno como que se siente importante, pero sinceramente si van más de cuatro personas termina siendo un vehículo de lo más incómodo. Llegué a tiempo al terminal de Indianápolis, pero el avión que me llevó a Atlanta fue un chiste... malo.

Pequeñísimo, sin lugar para el equipaje de mano y encima el piloto hizo la finta que aterrizaba en algún lugar (vi los edificios de un aeropuerto que no logré identificar) y volvió a elevar el vuelo. Recién media hora más tarde aterrizamos, por fin, en el Aeropuerto de Atlanta. Esta vez los transbordos no fueron tan a las corridas como en la ida y el vuelo a Lima fue con menos turbulencias. Todo el viaje fue una buena experiencia para mí.


  • Lee otra visión de la ISEF de Indianápolis aquí.
Foto: Bruno Ortiz


1 comentarios:

¡Esa soy yo! ¡la coleguita chilena soy yo!

Y yo aún no hablo de nada, qué horror... a escribir se ha dicho...

Ojalá y nuestros jefes nos manden al mismo evento a todoa la cumbre que fue a Indianápolis jeje...

¡Saludines!