Lima no deja de sorprenderme

20:58 Bruno Ortiz B. 7 Comments

La tarde de ayer, mientras caminaba con mi esposa por las inmediaciones del Centro Comercial Caminos del Inca cuando nos sucedió algo de lo más extraño. Una pareja se nos acercó a vendernos unos alfajores. Esto no tendría nada de raro (por lo menos en mi ciudad), a no ser de que estas personas aparentaban provenir de una clase acomodada.

Ella estaba vestida con un prolijo buzo Puma de color celeste, llevaba una gorrita deportiva, una cajita de sus alfajores en una mano y una bolsa en la otra. El vestía camisa y una casaca de color marrón, un par de blue jeans muy tradicional (en el color y el corte) y un impresionante reloj en la mano derecha.

Se nos acercaron muy cordialmente (el hombre nos dio la mano) y nos explicaron que estaban sin trabajo, que tenían tres hijos qué mantener, y que estaban vendiendo alfajorcitos (a 10 soles la caja de 20) que ella misma hacía pues "ha estudiado en Le Cordon Bleu", dijo el hombre con el tonito característico de un limeño de la clase alta (perdón por usar un estereotipo, pero las cosas pasaron tal cual las relato ahora). Nosotros nos excusamos por no comprar –en realidad estábamos sin un duro y en busca de un cajero para retirar dinero- y seguimos nuestro camino.

La situación y la reacción inmediata me dieron un par de cosas en qué pensar.

Primero, con respecto a estas personas. Es muy seguro que su historia sea cierta, pero más certeza tengo que hoy ellos habían tomado por lo menos su desayuno y que lo que consiguieran con la venta de hoy colaborará en su economía, pero será para sobrevivir el día a día. Digo, si estuvieran en reales apuros el tipo habría empeñado su reloj.

Segundo, la reacción que originan. Es la primera vez que alguien que vende algo en la calle me da la mano… y la primera vez que se la doy. Estoy (y creo que estamos) tan acostumbrado a decirle "no" a la cantidad de gente que te vende cosas por la calle, que me parece que la negativa ya sale sin procesar mucho. Y confieso que pese a lo elevado del precio, consideré comprar.

Bueno, luego me sentí un poco mal. Sí, me sentí mal por considerar el comprarles el producto a esta pareja –que aparentemente aún no necesitaba ese dinero para sobrevivir ese día- y por soltarle todos los días un "no" automático a muchas otras personas que, en apariencia, lo necesitan más.

No sé si cambiaré mi forma de ver las cosas desde hoy, o si es que esto se me olvidará mañana. Me gustaría pensar –sinceramente- que sucederá lo primero.

* Para quienes no conocen este lugar, está ubicado en Chacarilla del Estanque, en el distrito de Surco. En los alrededores están ubicados nuevos restaurantes, hoy muy de moda, y vivir en esa zona cuesta muy caro.


7 comentarios:

Alfredo dijo...

que loco... nunca vi cosas asi en lima

pero a veces esta bien decir que no

en serio

Henry López dijo...

amio, yo sí que les compraba la caja de alfajores. Y lo hacía no porque me haya conmovido la historia de dichos vendedores , sino porque los alfajores son uno de mis dulces favoritos, y más aún si lo había preparado alguien que estudió en el Le Cordon Bleu. Eso sí, antes de comprarlo, hubiera exigido una degustación (por siaca) jajaja, saludos

Sandra Love dijo...

bueno, también sé reconocer cuando algo importante está frente a mí... interesante tu blog.

Bueno, para dar más luces sobre el tema el pata nos ofreció proar los alfajores y que si no nos gustaban no pasaba nada y listo. Pero al final, no los compramos porque no llevábamos dinero encima.

Anónimo dijo...

T falta más calle tío...Eso lo veo más seguido en distritos como San Isidro o Miraflores...Pero deja esa realidad y mejor date un vuelta por La Victoria, Barrios Altos o Surquillo....
Lo que te diría mi tío Eloy Jauregui

Bueno, no sé cuál será tu ligazón sanguínea con Eloy Jáuregui, pero al parecer no me has entendido bien. En ningún momento he dicho que en Lima no hayan mendigos o gente que te venda cosas en la calle, lo que compartí con ustedes es que, por primera vez, fueron una pareja de personas que aparentemente provenían de una posición económica acomodada y que, según ellos afirmaron, lo hacían porque se habían quedado sin trabajo. Te contaré, además, que todos los días ando por La Victoria, Lince, Jesús María, Surquillo y el Centro de Lima y me encuentro con estos vendedores y mendigos en cada cuadra... cosa que es lamentable (pero no exclusividad de nuestro país).

Mmmm, extraña la situación... demasiado... quedé atónita jeje