Camino a Las Vegas, parte I

13:19 Bruno Ortiz B. 0 Comments

Llegué al aeropuerto Jorge Chávez poco antes de las 11 de la noche. La primera sorpresa me la llevé en el counter de Lan. El vuelo en el que debía ir hacia Los Angeles estaba realmente lleno y la señorita que me atendió me ofreció dinero por no viajar en ese momento. Así es. Me ofreció una generosa cantidad de dinero para ser utilizado en productos de la empresa (es decir, para pagar sobrepeso o algún otro tipo de penalidad o quizás para comprar pasajes a otros destinos) o, en todo caso, una cantidad menor, pero no menos interesante, que me depositarían al día siguiente en la cuenta bancaria de mi elección. No acepté, pues tenía conexiones qué hacer para llegar a mi destino final.

Felizmente, el vuelo estuvo tranquilo y sin complicaciones, y llegó a tiempo a su destino.

Llegué sobre las 7 de la mañana al aeropuerto Tom Bradley de Los Angeles y tras pasar los controles de seguridad que ya son una costumbre, tuve que buscar el counter de la empresa (America West) que me llevaría hasta Las Vegas. Sí, ninguno de mis vuelos estaba pre chequeado y tengo que ir a cada counter para registrar mi pasaje y mi maleta.












Caminé desde el terminal 3 hasta el terminal 1 (larguísimo sinceramente) con mi maletín, mi maleta y mi cansancio a cuestas (pese a que el viaje fue bueno, no pude dormir bien). Me registré una vez más y cuando fui a ingresar mi equipaje, los de seguridad me dijeron que debía quitarle el candado a la maleta o en caso contrario esperar allí hasta que la revisaran. Como no estaba de humor, decidí jugármela y la dejé sin candado.










Llegué al aeropuerto McCarran de Las Vegas una hora después. El desembarco fue rápido, pero tardé en recoger mi maleta como 40 minutos. No salía nunca por el carrusel. Tras esa espera –y como me habían indicado en Lima que no me iban a recoger- procedí a ubicar la parada del taxi. Cuando llegué a la fila casi me caigo de espaldas. Parecía una de esas colas que se hacen para alguna de las atracciones en Disney. Fácil había gente como para dar una vuelta y media a una manzana de una calle promedio sudamericana. La fila avanzaba rápido, pero también tuve que esperar más de media hora.

Exterior del hotel Luxor
Tuve suerte y el taxista que me llevó era griego, pero hablaba español. Tivas, se apellidaba. Me habló algunas cosas sobre la ciudad y me dio algunas valiosas recomendaciones de seguridad.

Exterior del hotel Mandalay BayLamentablemente, como me lo temía, el hotel en el que me hospedo queda lejísimos del centro de la ciudad (o The Strip, como también le conocen) y la carrerita me salió más de 50 dólares.

Tras algún retraso en la recepción (mi reserva no estaba hecha y ya me imaginaba durmiendo en algún casino), me dieron mi habitación en el sexto piso, pero casi al otro extremo del edificio. Felizmente es tan cómoda como la del Conrad de Indianápolis.

Fotos: Bruno Ortiz
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