La premura y el deber

16:06 Bruno Ortiz B. 0 Comments


Muchas cosas demasiado rápido. Ayer, después de la cena, salimos a dar unas vueltas por la ciudad. Llegamos a Tributo Bar, en una de las esquina de la Plaza de Armas. Es, sin dudas una edificación antigua, y aparentemente antes funcionaba allí una AFP.

El lugar es tranquilo, es un sitio para escuchar música en vivo (Tributo Band, se llama la banda que a veces abusa del saxofón y de los chistes internos), con temas de todas las épocas. Digamos que es un lugar como para gente que está más cercana a los treinta. Sin embargo, parece que muchos de los lugareños no lo entienden así y más bien lo toman como el punto de inicio de su juerga. Al final, nosotros nos contagiamos de lo mismo.

Luego de un bochornoso incidente entre un par de borrachos que se adueñaron del micrófono del cantante, nos movimos a Mecano Bar. En la puerta había un aviso que decía que allí sería el After Party del concierto que hoy darán Wisin&Yandel en la ciudad.

Al entrar me pareció que estaba en un túnel del tiempo: había retrocedido varios años hasta la época del Tropical Plaza. El sitio era muy parecido, la banda tocaba las mismas canciones (aunque varias otras más actuales). La decoración era medio rara, una versión extrema del Friday’s: partes de carros, afiches de todo tipo y muñecos sin sentido colgaban de las paredes junto con una canasta llena de calzones y brasieres, supuestamente de amistosas caseritas.

Otra cosa para resaltar: la manera en que servían los tragos. Cuando me acerqué a la barra vi que servían un líquido verde (después me enteré que era Apple Martini) en un balde blanco, de esos en los que venden la pintura, que tenía impreso el logo del local y con un cucharón de cocina, de plástico, color naranja.

Bueno, ya era demasiado tarde y debíamos regresar.

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Como el turno de las entrevistas y todo eso empezaba recién a las 3 de la tarde, a las 10 de la mañana, luego del desayuno, salí a hacer algunas compras. Esposa, hijo y sobrinas fueron beneficiados con zapatos de buena calidad y mejor precio. El efectivo no alcanzó para mí, pero bueno…

De allí a hacer las compras de chifles, king kong y otras cosas para llevar a la family.

El almuerzo fue en el restaurante El Mochica. Muy rico, pero un poco desorganizado. Diría que no estaban acostumbrados al flujo masivo de gente, pero no es así.
Regresé volando al hotel y mandé una pequeña nota, que espero salga publicada mañana.

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A las tres empezó todo. Primero una interesantísima entrevista con el psicólogo Roberto Lerner (que al final compartió con nosotros una divertida anécdota familiar), luego charlamos un rato con Carmen Ibarra, coordinadora de Educared, y finalmente conversamos con Elvis Flores, representante del Ministerio de Educación, quien compartió con nosotros las maneras ingeniosas en que algunos colegios habían empezado, por motu propio, a implementar el Plan Lector.

Luego empezó la jornada final de la Semana Educared. Una exposición final con algunos inconvenientes técnicos (falló la conexión de la laptop al proyector, se fue la luz, etc.), la inasistencia de un expositor, pero al final todo salió a flote.

Más allá de las siete de la noche terminó todo, los docentes que asistieron a la charla recibieron sus diplomas y nosotros de vuelta al hotel.

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Tras arreglar rápidamente nuestras maletas, hicimos el check-out y al estar todos juntos partimos en varios taxis hasta el aeropuerto. Después de una hora de espera partió el avión y en cincuenta minutos más ya estábamos de regreso en Lima.

Sin duda fue una experiencia muy divertida, pero muy agotadora.

ACTUALIZACIÓN (AL 01/04/07):
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ACTUALIZACIÓN (AL 01/04/07):
Promueven unión de libros con Internet para alentar la lectura


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