Gracias a Dios no hizo tanto frío en Puno

23:11 Bruno Ortiz B. 0 Comments

Es primera vez que estoy en Puno, pero confieso que la aclimatación no fue muy buena este primer día. No por un tema del mal de altura, sino por cómo fueron sucediendo las cosas.














Llegamos a Juliaca sobre las 3 de la tarde, luego de hacer una escala en Arequipa. No hubo novedades en el vuelo, excepto por una persona que subió en Arequipa, que se sentó detrás de mí y parecía que no se había bañado en días. Gracias a Dios esta parte del vuelo es de solo 25 minutos. Más allá de eso, nada.

Al llegar al aeropuerto Inca Manco Cápac nos recibió un grupo de música andina. Como supondrán, los gringos que venían en el vuelo se quedaron maravillados. En realidad tocaban bien bacán.

Esperamos a que llegara la movilidad de nuestros anfitriones y nos llevaron a una feria ganadera. Esa fue la primera sorpresa. Estábamos cansados y con ganas de ir a instalarnos, pero como nos dijeron que nos íbamos a quedar en la ciudad de Puno y que la feria estaba de camino no habría problemas de ir.






















Ya en la feria me sorprendió que, pese a ser ganadera, hubiera tal cantidad de puestos de venta de teléfonos celulares, servicios de cable o similares. Más allá de eso, abundaba la chela, la comida y el dinero, porque era impresionante la facilidad con que compraban cabezas de ganado.

La segunda sorpresa vino después. Al salir de la feria tuvimos que esperar casi una hora a que viniera la movilidad, pues resulta que mientras nos esperaba se le había bajado una llanta y habían ido a cambiarla.

Fuera de la feria, mientras esperábamos, me sorprendió ver un juego que –según yo- ya lo habían prohibido pero que al parecer en provincia aún no. Se trataba de Las Sillas Voladoras. Inmediatamente me vino a la memoria un delicioso texto de Jaime Bedoya (incluido en su libro ¡Ay, qué rico!). Es increíble cómo se pueda seguir exponiendo así a la gente, sin ningún tipo de seguridad.



Cuando al fin vino la movilidad (ya eran como las 5 de la tarde) el cielo empezó a oscurecer con mucha rapidez. Cuando estábamos entrando a la ciudad de Puno no pude ver el Lago Titicaca (primero por mi mala ubicación en el carro y segundo por la falta de luz). Solo alcancé a ver algunas luces del lujoso hotel que está en una de sus islas.

Con respecto al alojamiento, nosotros lo tuvimos que buscar. Paseamos por varios hoteles, pero ninguno contaba con calefacción. Encontramos uno que pintaba muy bien, pero era demasiado caro. Al final recalamos en el hotel Franci’s (sí, así es el nombre) gracias a que pudimos negociar el precio con el dueño. Me parecieron increíbles las tarifas, pese a ser un hotel con servicios muy normalitos y sin calefacción.

Luego de instalarnos, nos reunimos para ir a comer alguito y tomar un mate de coca. Después de comer, paseamos por la ciudad para bajar la comida.

En una plazuela encontramos a un grupo variopinto de trotamundos. Por lo que pude deducir, había un chileno, dos argentinas, una uruguaya y un NN. Para mí es NN porque como nunca habló no pude adivinar nada sobre él. Supuestamente era como un espectáculo callejero de malabares, pero sinceramente fue muy malo. He visto a chicos más habilidosos –y con la misma pinta de cochinos- en los semáforos de Lima. La nota de humor al final la puso un borracho que se metió en medio de ellos y no paraba de hablar bobadas.















Caminamos hasta la Plaza de Armas, que a mi gusto es muy pequeña para tener árboles tan grandes. Bonita la catedral.



Finalmente, regresamos al hotel. Ahora solo queda tratar de conciliar el sueño, porque la chamba fuerte empieza mañana.

Fotos y video: Bruno Ortiz.


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